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Urban Edwin Forever

viernes, noviembre 11, 2005

"Noche de debut en Morton"

¿Les puedo platicar sobre la subasta de esta noche?, espero que estéis cómodos mientras leen este relato. Traigan pizza y refresco.

Eran las ocho de la noche cuando empezó el gran evento, Jorge Salvador y yo estábamos sentados en el balcón, me gusta porque es un área apartada y debido a la altura le da a todo un ambiente de gran teatralidad. Yo estaba sumamente nervioso, sentado en mi asiento pensé que iba a caer desmayado. Las piezas iban y venían, demasiada gente, era una de las grandes subastas del año, el ambiente olía a dinero viejo y dinero nuevo, muchas de las piezas presentes eran de autores que admiro, incluyendo un Roy Lichtenstein. Conforme se iban acercando a mi pieza, la número 57, “Gusano de Corazón” el corazón me latía más rápido y yo en silencio a modo de mantra me repetía a mí mismo “eres una gran estrella, eres una gran estrella, no importa el resultado de esta subasta, ya estás ´bateando´ con los grandes”. Y finalmente ahí estaba, el turno de mi pieza y solo me dije “disfrútalo”, cuando se hizo un silencio sepulcral, el público estaba demasiado excitado porque la pieza que me precedió era un Toledo y el subastador (Morton) tuvo que acallar a todos con su martillo. Por un segundo pareció que no se iba a vender, el precio de salida era de $6000, con un estimado de $7000 a $9000. Desde mi lugar privilegiado pude ver como las ofertas empezaron a salir, tímidas en un principio y finalmente ya fueron más fuertes, hasta llegar a los $8,500 (ganando la paleta número 80), que fue el precio definitivo. Una vez dado el martillazo de cierre me levanté al baño, tranquilo y contento por el resultado, saqué mi calculadora y me puse a hacer cuentas sobre las ganancias que me tocarían, ¿eso me hace parecer frívolo y egoísta?, no sé ustedes pero yo quiero volver a viajar a EEUU y solo vendiendo la cantidad correcta de piezas podré hacerlo. Ví el resultado en la pantalla de plasma, descontando las fotos del catálogo y las comisiones de la galería de ese dinero a mi me tocaban $5950, está bien, es dinero que vendrá directo a mi cuenta. Insistí a Jorge Salvador que era hora de irnos, pero él tenía curiosidad de ver quien había sido la paleta número 80, el comprador de mi obra, nos paseamos entre el público mientras se hacía la subasta de otra pieza, pintada por un español a principios del siglo pasado sobre un hombre que dejaba a su familia para irse a América, una pieza que a pesar de no ser mi favorita era la verdadera estrella de la noche al quintuplicar su precio a $1,550,000. Al final encontramos que la paleta 80 correspondía a un psicólogo que Jorge Salvador conocía muy bien.

Pero fue durante esos minutos en que llegó un invitado inesperado, para anunciarle a todos sobre este evento hice un flyer y se los mandé a sus cuentas de correo electrónico sin esperar que nadie fuera, pero ahí estaba él... ó mejor dicho ello. Conocí a Eduardo Montes hace años, al poco tiempo de haber llegado a Ciudad de México hace seis años, entonces me gustaba mucho hasta que sugirió “¿porqué no pruebas el travestismo como modo de vida?” entonces me dí cuenta de lo mierda que era. Y ahí lo vi entrar por los pasillos de Morton, me felicitó, iba con el pelo largo y suelto, usando unos horrendos zapatos. Le agradecí mucho su presencia, aún cuando no entendió del todo el mecanismo del evento, como todo buen “turista cultural” fue directo hacia las bebidas y pidió un whisky. Yo no supe como deshacerme de él y acabó viniendo con nosotros a otra exposición, una inauguración de arte abstracto en la Bolsa Mexicana de Valores. Todo el camino venía pensando en cómo deshacerme de él, y Eduardo seguía hablando de poesía y yoga, digamos que lo que en un momento de chico me atrajo de él ahora me asfixiaba, sobre todo porque Jorge Salvador podía juzgarme a través de él (“si no conoces bien el carácter de un hombre fíjate en sus amigos” pero eso no siempre resulta cierto). En el evento vimos a Campuzano quien estaba rodeado de artistas lumpen en su mayoría, curiosamente todos se saludaron entre ellos y como nadie me extendió la mano yo no saludé a nadie excepto a Campuzano, supongo que aún para el delicado olfato de los artistas yo soy un snob. Las piezas de la exposición eran de la galería de una sobrina del poeta Alí Chumacero quien estaba presente. Después de saludar a la gente indicada Jorge Salvador y yo nos fuimos y le dimos aventón a Eduardo Montes hasta el centro histórico donde él iba a ir a la presentación de un disco, nos invitó pero yo dije que no, que estaba cansado y que quería dormir.

En cuanto se bajó del carro le dije a Jorge Salvador que Eduardo Montes solía ser mi amigo pero que ya no más, que de hecho después de esto lo sacaría de mi lista de contactos. Son sacrificios que uno debe hacer, ir eliminando gente que no te aporta nada. Soy un miserable por tener que hacerle esto a la gente pero es un simple proceso de elección natural, me lo han hecho mil veces antes, gente que he querido y estimado de verdad hasta mi familia, pero eso no significa que no duela hacerlo. Eduardo Montes representa a mi entorno “adolescente”, amigos que no me llevaban a ningún lado y que no me aportaban ganancias, ni en lo espiritual ni en lo emotivo. Incluso gente que yo considero de “los ases de mi baraja” tendrá que desaparecer algún día también, no niego el espíritu materialista y desechable de las cosas y las personas, porque yo mismo he sido tratado así, he sido pateado y ofendido sin piedad alguna por aquellas personas que amo, ¿saben lo frustrante que todos te digan “eres tan comprensivo” y no te den un ápice de piedad?.
Jorge Salvador me invitó a cenar e hicimos una recapitulación de lo obtenido hasta el momento, ya estoy dentro de la casa de subastas más grande de México, vendiendo codo con codo a artistas consagrados, también estoy definiendo mi estilo hacia algo más “pop mexicano”, eso está bien, supongo. Para nivelar las cosa Jorge Salvador me dijo el siguiente esquema de las casas de subasta en México: Morton Tres Leones es para los que buscan chácharas, Galería 10/10 para compradores eventuales y que Morton es las ligas mayores con coleccionistas profesionales. También me dijo que dos de mis dibujos no se vendieron en otra subasta, fingí que no me importaba pero eso no me ha dejado dormir. Soy demasiado aprehensivo, no puedo sentirme a gusto cuando las cosas marchan bien, siempre me angustian los puntos que no puedo controlar. Cuando tengo un dilema enfrente siempre me digo a mí mismo “Esta máquina/persona/situación/lo-que-sea no me va a derrotar”, pero a veces tengo mis serias dudas sobre ello. Las cosas van bien, eso creo. Estoy asustado, ¿y si no vuelvo a vender?, ¿y si mi éxito es solo momentáneo?. Muchas de mis palabras parecen de un muchacho caprichoso que desea ser artista, pero yo soy un artista verdadero, por derecho propio, con unos niveles de terror y angustia absolutos, pero sé que voy despacio pero firme.